§ 0


Panna zázracnica (Stefan Uher, 1967)

§ 0

§ 0

§ 0

§ 0

§ 0


L'enfant secret (Philippe Garrel, 1982)

Fragmento de "Los mudos" (El piloto ciego, Giovanni Papini - Ed. Rey Lear)

§ 0

» Siempre el sol que ilumina, el agua que corre, la luna que aparece y desaparece, los pájaros que cantan, las mujeres que aman, las flores que se abren y después se marchitan, los hombres que se engañan, las campanas que tocan de alba al atardecer, las naves que zarpan y vuelven a puerto, los días que suceden a las noches y todo esto para siempre, para toda vuestra vida, desde vuestros primeros gemidos a los últimos. También viajando por el mundo, conociendo nuevos hombres y buscando sensaciones que nunca se han tenido, se acaba descubriendo con frecuencia la constancia universal de las cosas, la tediosa uniformidad de los actos, mal enmascarados por distintos nombres, la fundamental unidad de nuestra pequeña vida de animales efímeros. Todos los días son iguales al que les sucede; todos los años traen las mismas estaciones y las mismas vicisitudes del sol y del viento, del calor y de la tempestad. Las vidas de los hombres se pueden narrar con pocas palabras, siempre las mismas: nació, sufrió, amó, esperó, murió.
» Así hablan los hombres que ya no son niños y que no se dejan emborrachar por los juegos peligrosos de la vida. Pero éstos no han comprendido todavía la gran miseria. Creen haber llegado al fondo de la copa de las amarguras y, en cambio, apenas si se han acercado al borde y se han retirado con el deseo de suprimir la vida, el mundo y ellos mismos.
» Pero ¿quién les enseñará el camino del fin, si no han comprendido el sentido del mundo y la profunda razón de la monotonía del mundo?
» El mundo es monótono, el mundo es siempre un espejo de sí mismo, el mundo se repite. Todo eso es verdad, y todo esto tiene su razón de ser . El mundo se debe repetir, y el mundo se repite, y la culpa es de los hombres, de los hombres, que son mudos, que no saben responder.
» Aprended por tanto de una vez –discípulos de hoy– que el mundo sólo es un mensaje, un largo y complicado mensaje, inabarcable, oscuro, secular, que espera una respuesta. Hay alguien que quiere decir algo a los hombres pero no habla la lengua de los hombres. Habla mediante símbolos, por medio de las cosas, de los hechos, de los acontecimientos. El universo es su mensaje, es su palabra hecha carne, hecha tierra, hecha planta, hecha sol; es su mensaje misterioso que, desde hace siglos, desciende desde el cielo hasta la tierra sin que ninguno de vosotros lo escuche ni comprenda. Y por eso –y no por otra razón– el mensaje se repite y transmite las mismas cosas a todas las vidas, las mismas cosas, idénticas y eternas. El mundo es monótono porque es un mensaje que se repite y transmite las mismas cosas a todas las vidas, las mismas cosas, idénticas y eternas. El mundo es monótono porque es un mensaje que se repite, y se repite porque ninguno de vosotros sabe responder, porque todos vosotros sois mudos.
» Vosotros miráis el mundo, lo copiáis, lo describís, lo usáis para cubrir las necesidades de la vida, pero nunca pensáis en escucharlo. A ninguno de vosotros se le pasa por la cabeza que el mundo os está hablando, que os está diciendo algo, que espera de vosotros una respuesta. Vosotros concebís el mundo como un almacén o una finca, como una casa de tristeza o de alegría, pero nunca habéis pensado que quizás el mundo es una voz, una voz que repite insistentemente las mismas preguntas, una voz dirigida a vuestros oídos, a vuestra alma; una voz desesperada, cansada, que invoca e implora vuestra respuesta. ¿Por qué creéis que los ruiseñores se desfogan siempre con los mismos gorjeos, que las ranas nos acompañan siempre con su ritmo angustioso, el viendo con el mismo respiro sonoro, y el agua con la misma voz fresca? ¿Con qué fin creéis que las golondrinas dibujan en el aire círculos y jeroglíficos con sus innumerables vuelos? ¿Con qué fin sobrevuela el sol todos los días lentamente nuestras cabezas dibujando el mismo camino? ¿Con qué fin las estrellas brillan todas las noches en el cielo formando esas constelaciones, esos símbolos siderales que repiten la misma frase desde tiempos inmemoriales? ¿Con qué objetivo creéis que los árboles florecen todas las primaveras y tratan de comunicaros las mismas verdades divinas con sus flores de color inmutable?
» Todo lo que aparece, todo lo que vuelve a resurgir forma parte del mismo mensaje. Los retornos de las cosas son repeticiones de palabras y frases idénticas. El que os habla es paciente. No se siente humillado por vuestro silencio. Repite hasta el infinito sus preguntas –es decir, el universo– y no deja de esperar a que un día le respondáis. Cuando le hayáis respondido, el mundo actual se detendrá de repente y con él vuestra vida. Entonces comenzará un nuevo mensaje, una nueva tierra, un nuevo cielo serán creados por la palabra, y el diálogo maravilloso entre Dios y el hombre continuará sin descanso. Ahora os toca a vosotros hablar. Desde hace miles y miles de años la voz habla y vosotros permanecéis mudos. Desde este día esforzaos por comprender el mundo como una serie de palabras. Agudizad el oído, concentrad la mente, acercaos al oscuro lenguaje. Cuando dejéis de ser mudos vuestra gran miseria será sólo un recuerdo y habrá pasado una nueva página del universo. Os he transmitido el miedo, construid vosotros la esperanza.

Sólo recuerdo esto del discurso de Ariel. ¿Pero quién podría repetir sus palabras de una en una, enérgicas y temibles, tal como salieron de su boca? Ninguno de nosotros tuvo el valor de mirarlo ni de hablarle cuando se hizo el silencio. Y nos encontramos en la calle pensativos, como en un ensueño, como si fuéramos seres que volvieran de un nacimiento divino. Por la calle un hombre me abordó y me preguntó temblando qué había dicho el maestro.
Yo lo miré sin verlo y seguí caminando sin pronunciar palabra.

§ 0

§ 0


Debut (Gleb Panfilov, 1970)